Resulta que con el super auge de las cámaras digitales nos enfrentamos a la ultra invasión de la imagen propia y a una lluvia de flashes insólita. El punto está en que no sólo aburre vernos a nosotros mismos por todos lados sino que esto, que parece una nimia invención, se está tornando un grave problema social, tema de debate y punto de conflicto en las mesas de amigos.